martes, 24 de agosto de 2010

martes, 27 de julio de 2010

miércoles, 11 de noviembre de 2009

CAMBIAR DEBER POR QUERER

CAMBIAR DEBER POR QUERER

La palabra DEBER, que nos inculcan desde muy temprana edad,
limita nuestra libertad, de SER
… y cualquier limitación de ella,
es fuente de malestar,
un malestar… al cual nos han ido acostumbrando.

Entendemos por DEBER,
algo que hemos hacer, o un comportamiento que debemos adoptar,
nos guste o no.
Generalmente se trata de algo, no acorde con lo que deseamos.
Así cuando vamos a hacer algo, o tomar una actitud que nos place,
esa palabra no la usamos.

No es lo mismo quiero cantar, que debo cantar.
No es lo mismo “debo ir al automercado”,
que “quiero ir al automercado”.

Con la palabra DEBER, al niño se le va deformando,
moldeándolo, de acuerdo a la conveniencia,
de quienes integran la sociedad.

Este concepto lleva implícita la hipocresía,
porque cuando se incumple,
uno de los tantos deberes que nos impusieron,
si se quiere evitar una descalificación,
o una sanción a cualquier nivel,
lo mas conveniente es ocultar el “pecado”.

Este concepto, esta palabra,
conspira contra la felicidad de cada uno,
Nos divide entre lo que SOMOS
y lo que DEBEMOS SER.

Al final –salvo raras excepciones-
quedamos convertidos, en lo “que debemos ser”,
de acuerdo a la opinión, de quienes liderizan la sociedad,
de acuerdo a sus intereses.

Queda así limitada, encasillada,
la libertad personal.
y comenzamos a usar máscaras,
para ocultar,
lo que realmente somos.

Se llega al exabrupto,
cuando –a través de la palabra DEBER,-
se ordena AMAR,

Cuando se ordena, por ejemplo,
que debemos amar a nuestros padres.

El amor es un sentimiento, viene del corazón,
nace espontáneamente,
no se lo puede imponer,
es independiente, está mas allá de la razón.

Si nuestros padres no han sido capaces,
de inspirarnos amor hacia ellos,
si esencialmente se han ocupado… de inculcarnos deberes,
¿cómo los vamos amar?

Entonces, para cumplir con ese DEBER,
para quedar bien ante nosotros,
pero sobre todo antes los demás,
aparentamos que los amamos,
eventualmente, regalándoles cosas materiales,
… exentas de cariño.
¿De que valen?
Se trata –ni mas ni menos- de una farsa.

El amor
-como bien dice la canción española-
“ni se compra ni se vende”

¿Qué tal si cambiamos la palabra DEBER por QUERER?
¿Si enseñamos a los niños,
a AMAR lo que DEBEN hacer?
¿Si les ensañamos, que ir al automercado,
puede ser una vivencia placentera?

Para lograrlo… iremos “con cuerpo y alma”,
olvidando por completo el reloj,
ocupando la mente tan intensamente, en lo que estamos haciendo,
de manera tal... que la posibilidad no tenga,
de importunarnos, con pensamientos parásitos.
Esto solo es posible, cuando hacemos algo con amor.

Si en vez de decirle al niño:
“Debes escribirle una cartica a tu tía,
que dentro de algunos días tiene cumpleaños”
le hubiésemos sembrado amor por esta tía,
eventualmente, espontáneamente,
le escribirá esa cartica.
Pero si la cartica se escribe por DEBER,
será una formalidad sin valor alguno.

Si a un niño se lo obliga a saludar a sus abuelos -por ejemplo-
hacerlo bajo presión, por DEBER,
no tiene sentido.

A veces no lo hacen, porque están distraídos.
Hay que enseñarlos a que solo se aceptan saludos por cariño,
dándole un fuerte abrazo, que lo haga sentir bien,
que lo haga sentir que es querido.

Si se lo regaña, por no haber saludado,
por no haber cumplido con el DEBER de hacerlo,
lo estamos descalificando,
le estamos diciendo que es MALO.

Pienso,
que sembrando amor y mas amor en el corazón del niño;
amor por todo lo que haga –así sea tender su cama-
amor por las personas, por la naturaleza,
por el universo, por Dios,
podríamos eliminar la palabra DEBER,
y tendríamos un mundo mas armónico, mas feliz.
MAR.

martes, 27 de octubre de 2009

AMOR DE VERDAD... MAS ALLÁ, MUCHO MAS ALLÁ DE LO SEXUAL VA.

AMOR DE VERDAD… MAS ALLÁ, MUCHO MAS ALLÁ, DE LO SEXUAL VA.

El placer de la relación sexual fue creado,
con un fin determinado;
en el universo... todo ha sido planeado.

Era imprescindible, para la perpetuación de la especie.
Sin él… la humanidad no existiría.

A los fines expuestos, creado fue el celo,
para que esta actividad ocurriese,
en el momento mas oportuno, para la fecundación.

También existe en el hombre …
con las feromonas correspondientes,
para la excitación sexual.
Que el hombre primitivo percibía,
cuando sus sentidos… a la perfección servían;
cuando con perfumes... no se las disimulaba.

Con la atrofia de ellos, y el desarrollo de la mente,
el hombre de sus instintos se fue liberando,
y su actividad sexual se extendió,
mas allá de lo natural.
De instintiva, para la perpetuación de la especie.
su gozo… al primer plano pasó.

En el Bhagavat-gita, hace 5000 años,
Lord Krishna, el Ser Supremo, insistía,
en dar a la actividad sexual, y al correspondiente placer,
el puesto que les correspondía;
no abusando de ellos… no convirtiéndolos en lujuria.

En el cristianismo a esta actividad se la sataniza,
cuando lugar... fuera del matrimonio tiene.

A esta fuerza tan inmensa… convertirla en tabu,
un fatal error ha sido.
Nada con ello se ha conseguido,
como no haya sido,
abrir las puertas a la falsedad… a la hipocresía;
a la pornografía.

Es que nada hay tan atractivo…
nada que a desmedidas fantasías de lugar...
como lo misterioso, como lo prohibido.

Vayamos ahora al objeto de estas líneas:
deslindar el amor de lo sexual.

Llamemos deseo… al zoológico instinto sexual,
y llamemos amor… a algo que mucho mas allá va.

El deseo funciona a través del intelecto, de la mente, de la razón,
y para su satisfacción
palabras bellas y máscaras y ardides de todo tipo,
se utilizan.

Mas abajo… en el corazón,
está el reino de los sentimientos, del amor.
Su lenguaje es el silencio… es confiable.
Solo será percibido… por quienes en capacidad estén,
de ese silencio descifrar;
independientemente de la actividad sexual.

Es que…
no es que el amor dependa de la actividad sexual,
de que ella lo primario sea;
es a la inversa…
la actividad sexual es secundaria,
subordinada al amor.
Hasta el punto… de que el amor, sin ella,
puede existir y prosperar.

Lo sexual es temporal, pasajero…
eterno es... el amor verdadero.

Amor es la fusión de dos almas en una,
en silencio,
en ausencia del ego… en ausencia de la mente;
es mirar juntos... en una misma dirección.

El amor verdadero, consiste en dar;
la recompensa es... el placer que el dar produce.
Se es feliz dando… sin nada a cambio esperando.

Pero… para dar hay que tener.
Es mas que evidente…
que dar lo que no se tiene, posible no es.

En consecuencia, solo amor podrá dar…
quien amor por sí mismo tenga.

De allí la importancia, de allí lo primordial,
tal como una vez en otro escrito dijimos,
de que después del amor a Dios,
el amor a sí mismo... ¡el primer lugar lo ha de ocupar!

Quien a sí mismo se ama,
egoísta no es... carece de ego.

“Ama a tu prójimo como a ti mismo”.

Cuando amor a sí mismo abunda,
no solamente hay para repartirlo, a una o mas personas,
a solo un paso se estará... de integrarse al amor universal.

Y se podrá disfrutar... amando a los árboles, las flores,
las aves, las montañas, los ríos,
al sol, a la luna, las estrellas… y hasta a las piedras.

Y será posible entender,
que somos UNO con el universo,
que hermanos somos... de todo cuanto existe.

Que somos UNO con Dios... con la Conciencia Universal,
con la Existencia.

Mirando al amor desde estas perspectivas,
¿donde ha quedado lo sexual?

Miguel A. Römer R.










lunes, 12 de octubre de 2009

A QUIEN PUEDA INTERESAR

A QUIEN PUEDA INTERESAR

LA “CONSTELACIÓN FAMILIAR”
CON ADRIANA


El objeto de estas líneas es comentar mi experiencia en un taller de constelación familiar realizada por Adriana el 20 de junio del año en curso.

Se trata de un procedimiento a nivel espiritual, destinado a revisar las relaciones familiares a lo largo del tiempo, de reconciliarse, a través del afecto, del perdón, con aquellos que por uno u otro motivo quedaron distanciados, y de agradecer a nuestros padres, la vida que nos dieron, independientemente de la relación –cercana o distante- que con ellos tengamos o hayamos tenido.

Pero permítanme, presentarme.
Soy médico internista con una buena preparación en psiquiatría, y estudioso de las corrientes espirituales orientales.

Actualmente estoy jubilado, desde 1988.
Durante 30 años ejercí funciones docentes a medio tiempo, en la Cátedra de Medicina Tropical de la Universidad Central. Durante esos mismo 30 años, a tiempo completo, estuve al frente del Departamento de Gastroenterología del Hospital Central de las Fuerzas Armadas “Dr. Carlos Arvelo”. Durante 3 años trabajé en el Hospital Universitario de la Ciudad de Hamburgo, Alemania. Durante 12 años, después de mi jubilación, fui el editor del ”Boletín Informativo de la Dirección de Sanidad de las Fuerzas Armadas”.

Ocasionalmente escribo para la revista ZETA, artículos sobre temas médicos. En los últimos años me he dedicado a lo cultural.

En la sala de quimioterapia, conocí un mundo nuevo. Quienes allí asisten son seres humanos, en todo el sentido de la palabra, sin máscaras, sin ego. Allí aflora el SER, esa esencia inmortal en cada uno de nosotros, que es amor. Es por ello, que el amor nunca envejece ni muere; es eterno.
Normalmente a nuestro SER no lo llegamos a conocer; el ego y la mente lo impiden. Alcanzarlo es el objetivo de la meditación al estilo oriental

Allí, en esa sala, personas totalmente desconocidas, si uno va solo, le buscan un cafecito, o el paciente de al lado le presta temporalmente sus audífonos, para disfrutar de un ratito de música. Resumiendo, allí la posición social, los títulos que se tengan o la riqueza material, pasan a ser ceros a la izquierda.

Esa experiencia, mas otras decepciones como venezolano, provocaron en mi, un cambio radical: de la dedicación a lo científico, pasé a dedicarme a lo que en la vida tiene importancia trascendental a nivel espiritual, a la lectura, a la poesía, la música, a disfrutar de la naturaleza, a escribir, y a desarrollar amistades, con intereses similares.

A Adriana, Adry, la conocí por Internet hace unos 6 años, a través de sus mensajes, “comunitarios” esencialmente de índole espiritual, muy bellos, románticos a veces, que regularmente, gratuitamente enviaba. Creo haber entendido, que su lista de correos llegaba a dos mil.

Nunca he sabido como obtuvo mi dirección electrónica, para incluirme en su lista. Aprovecho a estas alturas la oportunidad para expresar, de acuerdo a mi experiencia de toda una vida, que las casualidades no existen.

Consideré, como una mínima expresión de cortesía, darle las gracias por los correos que regularmente me llegaban. Así, hace 5 años; el 16 de septiembre del 2004, le escribí y ella escuetamente, en apenas una línea, me respondió. De allí en adelante, ocasionalmente nos comunicamos, exclusivamente por Internet. Surgiendo así a la larga, una amistad virtual

Cuando me habló con entusiasmo de su dedicación a las constelaciones familiares, me interesé por esta actividad espiritual. A ella se le ocurrió entonces, invitarme para el evento del 20 de junio. Asistí; allí la conocí personalmente, nunca nos habíamos visto.

Éramos alrededor de unas 30 personas. La gran mayoría no se conocían. Pero gracias a la excelente actuación de Adriana, al final, el ego había desaparecido, dando paso,sin conocernos, a un clima de hermandad extraordinario; como si hubiese existido una amistad de toda la vida.

Era el mismo clima de la sala de quimioterapia, pero en un grupo mayor, y lo que es mas importante, ese clima se había logrado… no en personas que han recibido el aviso, de que su pasantía por este mundo está por terminar, sino en personas físicamente sanas.

Afectuosamente, quiero felicitar a Adriana.
En este mundo de egoísmos y odios, toda iniciativa dirigida a despertar el amor, merece el mas alto reconocimientos y la mas alta recomendación.

Caracas 7 de octubre del 2009.

Miguel A. Römer R.

viernes, 21 de agosto de 2009

¿SER FELICES QUEREMOS?


¿SER  FELICES QUEREMOS?

Todos dicen que ser felices  desean
¿Habrá acaso uno que diga lo contrario?
Si sinceros  somos:
¿porqué el camino inverso transitamos?

Levantarse a la carrera y a la carrera despachar el desayuno:
¡A la felicidad no conduce!

Apurado al trabajo, a último minuto llegar:
¡A la felicidad no conduce!

Solo las cosas bajo presión hacer,
dejando todo para mañana, o para nunca:
¡A la felicidad no conduce!

No haber tenido la mente despierta,
para la imagen cambiante del cielo disfrutar,
de sus nubes viajeras, de sus blancos y grises,
de su brillo  y sus sombras:
¡A la felicidad no conduce!

No mirar con simpatía, de la gente el rostro:
¡A la felicidad no conduce!

Abstenerse del amor a su familia, y a sus amigos expresar:
¡A la felicidad no conduce!

Captar y comentar solo lo negativo,
menospreciando lo positivo.
¡A la felicidad no conduce!

Las noticias en los diarios, en la radio y en la televisión:
¡A la felicidad no conducen!

Asistir a eventos sociales por formalidad o conveniencia:
¡A la felicidad no conduce!

Importancia darle a la opinión de los demás,
máscaras utilizando de acuerdo a ellas:
¡A la felicidad no conduce!

La televisión como droga, para de la realidad escapar:
¡A la felicidad no conduce!

Dar prioridad a la razón…
por encima del corazón
¡A la felicidad no conduce!

No disponer de tiempo para la actividad física:
¡A la felicidad no conduce!

Permitiendo la interferencia de la mente
…con lo que estemos haciendo:
¡A la felicidad no conduce!

Los pre-juicios y las pre-ocupaciones:
¡A la felicidad no conducen!
 
Constantemente mirando al reloj,
¡A la felicidad no conduce!

Solo el presente es eterno:
no vivir  a fondo cada minuto, cada segundo:
¡A la felicidad no conduce!

Darle a la vida una excesiva importancia
…desconociendo…
que actores temporales de un melodrama  somos:
¡A la felicidad no conduce!

Atender al teléfono,
prejuzgando de la llamada su importancia:
¡A la felicidad no conduce!

Una mente tensa, temerosa, angustiada:
¡A la felicidad no conduce!

La indisciplina y el desorden:
¡A la felicidad no conducen!

No disponer de tiempo para la buena música, la buena lectura,
de tiempo para la familia, para los hijos en especial:
¡A la felicidad no conduce!
No disponer de tiempo,
 para del canto de los pájaros disfrutar,
del susurro del viento, del sol de la luna y las estrellas,
de las montañas, de los ríos, del mar…
y paremos de contar
¡A la felicidad no conduce!

No disponer de tiempo para vivir…
disfrutando de nuestra existencia:
¡A la felicidad no conduce!.
 
Claros hay que estar y sinceros admitir debemos,
que de la felicidad, ni la menor idea tenemos. 
Al no entender…
 que dentro de nosotros está.
¡y por fuera la buscamos!
 
No entendiendo que para hallarla…
cada día debemos configurar;
…y que para ello…
 un esfuerzo habremos de realizar.

Buscándola en lo material, en la posición social
¡jamás la habremos de encontrar!
 
Como una bella, casta y atractiva doncella,
 …solo se habrá de entregar…
si con tesón y constancia la logramos de verdad amar.

ANTARES


20 de enero del 2005